viernes, 20 de agosto de 2010




LO SÉ.


¿Qué fue lo qué nos pasó? ¿En qué momento nos perdimos en nosotros mismos? caminos amorfos y sin dirección dentro de nuestra locura, que entre tantos intentos de no caer en la cotidianidad ni formar parte de la estupidez masiva, hemos caído en un conflicto de rebelión contra el mundo, un sistema imposible de derrocar, porque entre tanto pensar, nos agobiamos y nos desgastamos. Tienes razón, que fácil sería ser estúpido, medir la felicidad en base al número de tarjetas en la cartera, la marca que cuelgue de la etiqueta, o el número de tragos que podamos beber en una noche. Ojalá fuera así de sencillo, pero nuestras mentes despertaron hace muchos ayeres, y es imposible ya domarlas. Hoy nos toca ser diferentes. Porque ser una piedra gris atenta contra nuestra naturaleza, lo sabes, lo sabemos, no podemos evitarlo. Y nos desgatamos, y nos agobiamos. Lo sabes, lo sabemos.

La intolerancia a la idiotez que no nos permite una conversación vacía de larga duración, ni conocer a quien, por miedo a la soledad, prefiera la compañía de almas superficiales. Creemos en las energías de las mentes, su poder y alcance, la capacidad exponencial de cada uno, la individualidad y la unión. Volar, contra corriente, contra el viento. Un deseo insaciable de escapar y perderse en la nada de la ‘nadedad’ donde no estorbe el ruido de las masas ni entorpezcan los pasos de los transeúntes aborregados, esos que circulan con la inercia, la dirección marcada por un complejo caótico llamado sistema. Así soy, somos, lo sabes, lo sabemos, no podemos evitarlo. Luchamos adoloridos, aguerridos, y a veces sentimos rendirnos, lo sabes, lo sabemos.

Y esa espiritualidad mal o bien lograda, a nuestra manera, pero nuestra, finalmente. Pese a quien le pese, se marche quien se marche. Y aún así, no encontramos la paz, esa inquietud que nos mueve y nos altera, las vibraciones de la tierra que nos apuntan a la distancia. Nos sabemos extranjeros, ajenos a estas tierras, las que son de nadie, pero se presumen de todos. Una comunidad enemiga, pero disfrazada de armonía. El caos perpetuo, el del péndulo de nuestros movimientos que nos empuja entre día y noche. Lo que falta es menos drama y más gozo, pero qué difícil se vuelve algunas veces. ¿Cómo vivir sin drama? No estamos preparados, lo sabes, lo sabemos, no podemos evitarlo. Somos realeza del drama, lo sabes, lo sabemos.

Onironautas, intronautas y astronautas, los que no logran posar los pies en el verde, y los viajes quedan inconclusos, las historias que faltan por concluir. Hay cuentos de hadas en espera de final feliz, pero lo dudamos, ¿Creemos en ese final? Quizá sólo esperamos un final, pues ya nos invade un poco el pesimismo, la catarsis de confrontar esta realidad y su irreverente irrealidad, ¿cuál es cuál? Ni Dalí será capaz de expresarlo, ni con mil pinceles y acres de lienzo, este mundo bizarro va más allá. Hemos intentado rompernos, romperlos, alejarnos, pero siempre regresamos, siempre pegamos los pedazos. Nos mantenemos a distancia, en silencio, amedrentando contra el presente absurdo, el pasado cruel y un futuro nebuloso. ¿A dónde vamos? ¿Será que nos queda chico este universo? Nuestra repugnante alergia a la humanidad, por eso nos autoexiliamos, lo sabes, lo sabemos, no podemos evitarlo, pero vendrán nuevos destinos, lo sabes, lo sabemos.

Por eso brindo a tu salud, la nuestra, y la de quien comulgue con nuestra idea, aquellos forajidos de ideas inmaculadas que jamás embonarán en lo lógico, mucho menos en lo aceptable. Aún con máscaras que no corresponden a nuestro interior, andamos con la frente en alto, no nos negamos, tampoco nos callamos, peligro de nuestras bocas, las que uno de estos días serán repudiadas por honestas, pero más vale morir por palabra blanca que por oro falso. Y seguiremos en la negación de esta falsa realidad, lo sabes, lo sabemos, no podemos evitarlo, y al final nos liberaremos, lo sabes, lo sabemos.


[fotografía: Annie Leibovitz]




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