

Mazapanes dulces,
Y yo regurgito,
¿Dónde quedo el sabor a hiel?
No me acostumbro a la nueva dieta


Ha llegado a oídos de los monarcas de estos lares la noticia de la llegada de un desconocido de acento extraño, de muy lejos se dice que viene, lugares inhóspitos y olvidados. Habla de una tal Alice, del conejo y Dorita, a quienes viene siguiendo desde nunca jamás. Un príncipe dice que es.
Se reúne cuarteto a la hora del té, manzanilla, verde, menta y yerbabuena para los caballeros. Con meñique al aire bebiendo, las risas incontenidas hasta llegada la hora de hablar de negocios. La presencia ajena, la amenaza rumorada, medidas habrán que tomar.
Los cuatro señores se niegan compartir reinos con realeza recién llegada. Jamás sucederá. Nace la envidia, se levantan las armas, temporada de cacería, las tropas desplegadas en busca del susodicho heredero a trono. Recompensa a quien lo atrape.
¿Cómo osa semejante extranjero autonombrarse realeza en terreno de los grandes cuatro? Dicha osadía deberá pagarse.


“Bendita Democracia”
Cruces jadeantes, ensangrentadas joyas,
Cúpulas poderosas colapsándose sobre el arroyo,
La corriente que lleva las masas y ahoga las ratas,
Papelitos invaluables, gobernadores del ahora y el mañana,
Codicia que no se esconde, se presume como insignia en los trajes,
La ambición se usa cual corona, siempre en alto y suntuosa.
El resto callado, de ojos cerrados siguiendo a los cerdos.
Bendita la mierda de la granja.


Juega sombrero, es hora del té,
Dame dos, no, mejor que sea uno,
A la una y a las dos,
Cambiemos de asientos ya!
Cuidado con el pastel,
Está a punto de caer,
A las tres y a las cuatro,
Cambio otra vez,
El Lirón dormido, que extrañes,
Comamos piedras, con sal por favor.
Ahí viene el gato, mensaje del rey,
Todos a jugar, al jardín se han de presentar.
Zapatos limpios, pelo peinado,
Ahí están los guardias,
El seis de corazones y el diez de pinos,
Tocan trompetas tocan,
Bienvenidos todos a Wonderland!
Vaga por ahí aventurero en busca de letras que el viento se ha llevado, esas que ningún oído ha capturado o, quizá, aquellas que han dejado ir por el otro oído. Anda cazando con una cazuela, a veces con una red. Las atrapa y las colecciona en cajitas de madera. Las junta, las pega, las reúne, las empareja, las deshace, las rehace, las dibuja, las colorea, las etiqueta, las mezcla hasta encontrar la receta perfecta que produzca sonido galante y armonioso, aquel placentero para los demás.
Las busca aquí y allá, flotando en la inercia que las lleva al cementerio de las letras, es ahí donde mueren a la eternidad, destinadas a ser olvidadas.
Ya que ha dado con la combinación exacta, entonces las pega al papel, de ahí no se irán y nunca morirán. Serán recordadas, inmortalizadas.
Sin casa y sin reino, andador que siempre encuentra casa debajo de cualquier árbol, la comida se lo dan los mismos. No obedece rey, no conoce territorios, todo es uno, y este uno lo es todo.
Cuatro reyes que gobiernan Wonderland, al norte, al sur, al este y al oeste, cual cliché, cual historia típica y predecible. Los corazones, los tréboles, las espadas y los diamantes. Al rojo y al negro. Papelitos que ha corroído el tiempo. Viejos gobernadores de tierras esparcidos al viento.
Su séquito enumerado, las esposas, bufones y los demás. Todos al castillo, disponibilidad absoluta a placer de los soberanos.
Poco trabajo, mucho juego, que si el té, el criquet, el paseo, la merienda, luego la cena, las compras, las fiestas. ¿Suena familiar?
Noticia de último momento: El rey de tréboles ha fallecido en su cama anoche. Un ataque al corazón se declaró, pero parece sospechoso el par de labios pintados sobre su frente.
3 kings remaining.